viernes, 1 de abril de 2011

¿GUERRA ELECTRONICA O INTERVENCION HUMANITARIA?

Jorge Pallares Bossa

Desde que Israel en 1967 atacara sorpresivamente a Egipto e inhibiera su respuesta militar en la “Guerra de los seis días”, la estrategia bélica cambió drásticamente. Hasta entonces, se decía, como lo había comprobado parcialmente la Segunda Guerra Mundial, que las guerras modernas no podían ganarse sin aviación. Esa confrontación armada comprobó que además del poder aéreo era necesaria la tecnología satelital y electrónica, que sirvió a los judíos para dejar fuera de combate en una sola correría al setenta por ciento de la fuerza aérea egipcia. En Libia, después de una semana de incesantes ataques las fuerzas de Gaddafi no tienen ya posibilidad de reaccionar al ataque de la coalición después de perder trescientos aviones en tierra y con las pistas de aterrizaje inutilizadas, pero si podrá hacerlo con los mal armados rebeldes que a dicha característica aúnan la indisciplina militar.

Entre tanto, los aliados continuarán deshojando la margarita entre atribuír las razones de su actuación al perfeccionamiento de la guerra electrónica o a la intervención humanitaria, para lo cual comenzaron por radicar la unidad de mando en cabeza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el organismo que desde el comienzo de las hostilidades debió ser el responsable de la iniciativa militar, que para eso fue instituido. De hecho, hasta ahora en Libia, los aliados han hecho gala del empleo de recursos electrónicos, desde el GPS de los satélites, que permite observar desde el espacio las placas de los vehículos, pasando por el “jamming”, que afecta el tiempo real de las comunicaciones hasta las técnicas de “engaño” y “radiación directa de energía”, que simplemente la destruyen, a juzgar por los partes de guerra de ambos bandos, en los que de un lado, se reportan cuantiosos daños en el enemigo, especialmente de su infraestructura y al equipo antiaéreo y del otro, solo se escuchan quejas, del que califican como un ataque injusto. De todas maneras, aunque parece obvio que en una guerra la primera baja es la información veraz, algo hay cuando el tono de los comunicados ha sido reiterativo.

Por su parte, la intervención humanitaria de que se habló al comienzo de la operación no ha sido vuelta a mencionar, pero con el paso de los días se prevé que volverá al primer plano de la actualidad. La intervención humanitaria fue planteada por primera vez por Hugo Grocio, el célebre jurista holandés, quien se refirió a ella en una de sus obras en 1625 mucho antes de que la creación de la Cruz Roja Internacional a comienzos del siglo XX desarrollara el humanitarismo. Después la institucionalización del Estado y la relevancia que cobro el principio de soberanía en el manejo de estas, acabó por promover el acatamiento de normas rectoras, como la de no intervención en asuntos internos. Sin embargo, la importancia que hoy tienen los derechos humanos como concepto nuclear de todo el derecho, ha renovado la intervención humanitaria, que vista desde la perspectiva con la que el Canadá las planteó en la ONU en el 2001 y la ONU aprobó en 2005, se conoce ahora como “responsabilidad de proteger”, con la que se quiere significar que los Estados deben salvaguardar a sus ciudadanos, pero si esto no se pudiere o no se quisiere se faculta a, la comunidad internacional en su conjunto, para ejercerla, que como tal es obligatoria, con base en el “Pacta Sunt Servanda” .

Es posible, que en el caso de Libia, y tal como la Resolución 1972 de la ONU lo plateó pueda llegarse en este caso a extremos que países como el de Somalia, Sierra Leona, Timor o Kosovo, tuvieron que sufrir. Desgraciadamente esa circunstancia solo sirvió hasta ahora para desacreditarla. Empero en los últimos años se ha ido fortaleciendo una conciencia que hoy le imprime un carácter imperativo y que no podrá ser eludida en El-Magreb.

martes, 22 de marzo de 2011

LAS REVUELTAS EN EL MUNDO ARABE (y III)

JORGE PALLARES BOSSA
Y una tercera y última lectura del conflicto que afecta a los territorios norteafricanos gobernados por administraciones que han pretendido eternizarse en el poder, que pudiere explicar la descoordinación atribuída a las fuerzas aliadas que atacan la Libia de Gaddafi, es la religiosa, sin duda, la más compleja. Se percibe que los países occidentales no tienen claros los objetivos de los bombardeos, que al amparo de la Resolución 1972 del Consejo de Seguridad de la ONU, iniciaron hace pocos días porque los intereses que están en juego y el alcance de dichas acciones tampoco lo están.

Pero, si se ahonda en el tema religioso, que motiva a una sociedad patriarcal como la árabe, que vive su propio Medioevo, no se tarda en identificar las claves del problema. En efecto, la percepción occidental acerca del credo musulmán es unitaria, lo cual es cierto pero en parte, porque en la práctica sunismo y chiísmo, las dos fracciones de mayor importancia operan de forma autónoma e independiente y a veces hasta enfrentadas, como se ha podido advertir en las manifestaciones populares contra los distintos regímenes, casi todas alentadas por los últimos. La verdad es que en términos simplistas, sunistas y chiítas son dos religiones idénticas en lo esencial: la palabra del Profeta, pero disímiles en el tratamiento y divulgación de la “Sharia”, tan distantes institucionalmente como pudieren estar católicos y protestantes, que coinciden en la doctrina de Cristo pero difieren en el análisis y comprensión de las Escrituras.

Desde que en la batalla de Siffin (661), los seguidores de Alí, heredero en línea directa del Profeta Mohamed (en nuestro ámbito Mahoma), resultaron derrotados por las fuerzas de Muawiya, ocasionando la primera “fitna” (división), entre suníes y chiítas y los denominados “jariyíes”, ambas tendencias han permanecido separadas. A partir de ese momento, los sunitas han adoctrinado un noventa por ciento de los musulmanes, mientras que los chiítas solo el diez, independientemente de que en la actualidad dos de los Estados más importantes: Irán e Irak tienen como mayoría al grupo minoritario. Desde entonces, se creyó que la prolongada permanencía en el poder de los sunitas y el hecho de convivir con pueblos y culturas distintas, entrañaba una postura más abierta de parte de estos frente a la línea monárquica que representaban, dadas sus creencias, los chiítas. La historia islámica ha demostrado que ello no corresponde a la verdad y en muchos casos, ocurrió exactamente todo lo contrario.

El tema de fondo, radica en el concepto de “Califa” que los sunitas aplicaron desde el principio con la dinastía de los Omeyas en Damasco, concebido como un Jefe religioso, político y militar, que encarnó el Profeta Mohamed, a diferencia de Jesucristo, que fue solo un jefe religioso. El asunto no tendría mayor trascendencia si no fuera porque en la época actual, esa postura fundamentalista pudiera vincularse peligrosamente con el islamismo, representado por movimientos políticos que surgieron en el siglo XX que pugnan por la desaparición del Estado como un concepto occidental ajeno a la cultura del Islam, el que, según ellos, hay que extirpar para retornar al “califato” o “imamisno”, como suelen llamarlo los chiítas, reprochando de paso al sunismo su convivencia con la institución estatal.

Por eso, no siquiera la postura conciliadora de los “Hermanos Musulmanes”, creada en Egipto en 1928, satisface y menos tranquiliza a las potencias occidentales que, al parecer, prefieren en las incursiones aéreas contra Libia desarmar a Gaddafi, pero dar a sus connacionales la posibilidad de que le asesten el golpe de gracia. Habrá que ver si esto sucede y con qué celeridad, mientras se vuelve a barajar el naipe de la geopolítica internacional en El-Magreb y los aliados acuerdan el tipo de tratamiento que prefieren otorgar a la sociedad islámica.

martes, 8 de marzo de 2011

LAS REVUELTAS EN EL MUNDO ARABE (II)

Una segunda lectura del conflicto que afecta a los territorios de El – Magreb, cuyo foco de atención está ahora en la Libia de Gaddafi tiene como referente el papel geoestratégico que el Mar Mediterráneo viene desempeñando en su desenvolvimiento. Junto al reporte de las exhortaciones del excéntrico líder a su pueblo y las tomas y retomas de las principales centros urbanos, alineados a lo largo de sus costas, las agencias de prensa repiten incesantemente desde hace un par de semanas que embarcaciones de distintos países transportan a miles de residentes que huyen del fragor de la guerra y en los últimos días, advierten de la presencia de buques de guerra norteamericanos fondeados en aguas cercanas, aparentemente dispuestos a intervenir.
En efecto, el Mar Mediterráneo, que las definici0ones de la Convención de Jamaica de 1982, califican como un espacio marítimo semicerrado, ha jugado desde tiempos inmemoriales un papel geopolítico indiscutible tomado como modelo para su aplicación en la temática del mar a escala universal, especialmente en la prevención de eventuales conflictos. No se puede olvidar que en el Mediterráneo nace la cultura occidental que los griegos proyectaron sobre el sector oriental y que llevó a los romanos a denominarlo su “Mare Nostrum”, una vez que extienden sus dominios hasta el Estrecho de Gibraltar y controlan no solo la totalidad de la Europa continental, sino el Medio Oriente y el norte del África. A partir de entonces, el Mediterráneo se convierte en escenario de un crisol de civilizaciones al que confluyen pueblos europeos, asiáticos y africanos del más diverso origen y credo religioso, cuyos propósitos bélicos o simplemente comerciales, no solo pretendieron su dominio sino que sirvió para perfeccionar las técnicas de navegación , al amparo de la dirección de las corrientes que circulaban oeste-este y en sentido contrario, la ruta de regreso, que luego permitiría la posterior conquista del Océano Atlántico por el Almirante Colón y los colonizadores españoles y portugueses.
Pero, la intervención humana, comenzó a acrecentarse en el Mar Mediterráneo, cuando una vez ocurrida la Revolución Industrial, el petróleo se convirtió en la mayor fuente de recursos energéticos del planeta y sus 2.500.000 kilómetros cuadrados y su profundidad media de 1500 metros de profundidad, comenzó a sufrir los estragos de la contaminación que los frecuentes derrames generaban. Para entonces, ya la Real Armada Británica imponía su criterio en ese espacio y las potencias de la época iniciaban bajo dirección Inglesa, el proceso del neocolonialismos africano que condujo en 1869 a la apertura del Canal de Suez, una vez que dicho ámbito era ya el de mayor tráfico de embarcaciones del planeta.
Empero, el momento culminante del protagonismo geoestratégico del Mediterráneo, se produce durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, cuando las potencias del Eje primero y los aliados después lo tuvieron como escenario principal, aprovechando las riberas magrebíes para el movimiento de tropas que apoyarían las acciones bélicas en Europa. El Mar Mediterráneo se convierte entonces, en un “mar caliente”, al decir de algunos estudiosos, porque no solo era el espacio propicio para la estrategia guerrera, sino que por sus recursos petrolíferos se hacía apetecible para cualquier potencia continental o extracontinental.
Así las cosas, al margen de los condicionamientos generacionales, ideológicos o religiosos que hayan causado la expulsión del poder de Ben- Alí y Mubarak y que pretenden ahora el derrocamiento
del coronel Gadafi, el Mediterráneo siendo el escenario natural de las definiciones de la política internacional de cada momento histórico de la humanidad.

martes, 1 de marzo de 2011

LAS REVUELTAS EN EL MUNDO ARABE (I)

Desde que hace un par de meses un grupo de saharauis hicieran un levantamiento contra Marruecos, en un nuevo intento por presionar a la ONU y a las partes comprometidas en el conflicto del antiguo Sahara Español, para que logren una pronta solución, todo ha sido agitación en el norte de África, que los árabes conocen como El – Magreb (occidente). A poco de ocurrido este suceso, Túnez se levantó contra el dictador El –Abidine Ben Alí, quien tenía 20 años en el poder. Después fue Egipto, en el que con posterioridad a una corta resistencia Hosni Mubarak abdicó a favor del ejército y ahora es Libia, cuyo líder con más de 40 años en el poder Muammar El-Gaddafi, no se resigna a aceptar que su prolongada vigencia va a concluir pronto, apelando a todos los recursos legales e ilegales.
El levantamiento islámico norteafricano, tiene varias lecturas, a una de las cuales vamos a hacer referencia en el presente artículo. En efecto, el despliegue popular que ahora el mundo contempla entre la perplejidad y la incredulidad es la voz de protesta de las nuevas generaciones de musulmanes que han esperado pacientemente muchos años a que sus gobernantes entiendan que el poder y la riqueza deben ser compartidas y que un modo de vida peculiar, como el que pregona la religión que confiesan, no puede ser patrimonio de unos pocos y menos cuando los que gobiernan tienen una orientación religiosa que, al interior del Islam, difiere de la mayoría.
Pero, sobre todo es el resultado de la política miope que las potencias coloniales europeas pretendieron aplicar después de la Segunda Guerra Mundial, al momento de descolonizar los territorios que alguna vez hicieron parte de su “hinterland”. Si examinamos lo que hasta ahora ha sucedido y que probablemente se reproduzca con mayor o menor celeridad en Bahrein, Yemen, Argelia o Marruecos, por ejemplo, se encuentra la huella de las potencias que con su proceder propiciaron al atraso de dichos pueblos, entregando el poder, al momento de la independencia a individuos incondicionales de sus posturas políticas o diseñando sistemas de gobierno que nunca se aplicaron en dichos países. Túnez, por ejemplo, en donde radicaba la célebre Cartago, tradicional antagonista de Roma, fue en tiempos modernos, primero una colonia alemana y luego francesa, que accedió a la independencia en 1956, al instaurarse la monarquía constitucional de Habib Borguiba, quien estuvo por cerca de treinta años en la dirección del Estado. Desde entonces, gobernó el mencionado Ben Alí, que con tal de proteger los lujosos haberes que su corrupta administración le había deparado, abandonó el poder rápidamente Y Egipto que había empeñado su independencia desde la apertura del estratégico Canal de Suez, a un protectorado británico hasta que el general Gamal Abdel Nasser, uno de los líderes del Movimiento de Países No Alineados, lo devolvió al primer plano de la actualidad.
Sin embargo, sus herederos políticos fueron inferiores, Sadat porque fue asesinado prematuramente y Mubarak, porque se mantuvo en el poder, a cambio de un giro político favorable a los intereses imperiales que Nasser había combatido. Por último, Libia que en los tiempos de la expansión fue desde 1912 invadida por Italia, que continuó siendo su potencia dominante incluso hasta después de la guerra, que como país del Eje perdió. En 1951, resolvió finalmente inventarse una monarquía en cabeza de su aliado Isdris I, que derrocó Gaddafi en 1989 y quien después de cuarenta años conserva un poder tambaleante en un país cuyos territorios ya no controla.
Por eso, una primera lección que debe extraerse del conflicto que agobia al norte de África, es que ha llegado el momento de practicar una sola moral, lo cual es válido para la Europa y los Estados Unidos, de antes y de ahora, que contribuyen a armar a personajes como Mubarak o Gadafi, a cambio de que sus intereses políticos y económicos no se vean comprometidos en el contexto geopolítico del Mar Mediterráneo, hoy como antes decisorio en el diseño de la política internacional.
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viernes, 6 de agosto de 2010

INMUNIDAD DE LOS JEFES DE ESTADO Y JURISDICCIÓN UNIVERSAL

Por: JORGE PALLARES BOSSA

El tema de las tensiones entre el principio de inmunidad de los Jefes de estado y el de jurisdicción universal se ha puesto de moda. Ello, a escala universal, con ocasión del proyectado viaje a Inglaterra del Papa Benedicto XVI en medio del escándalo de pederastia protagonizado por clérigos de la Iglesia Católica y a nivel doméstico, que en contra de nuestro nuevo Presidente, Juan Manuel Santos por la orden de arresto y eventual extradición que profirió un juez de Sucumbíos (Ecuador), de la jurisdicción del lugar en que las fuerzas armadas colombianos lanzaron un ataque en el que resultó muerto el jefe guerrillero Raúl Reyes.

La inmunidad de los Jefes de Estado es un principio tradicional del derecho internacional, según el cual los individuos que están al frente de una colectividad estatal no pueden ser juzgados por jurisdicción extranjera alguna, sino por la propia, porque este representa su soberanía. Dicho principio, se fundamenta en otros principios que, por su importancia, recogió la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como el de la igualdad jurídica y la no intervención en asuntos internos y tiene su fundamento en la reciprocidad y la cortesía internacional. El principio de la inmunidad de los Jefes de Estado, que deriva de la Edad Media, permaneció intacto hasta cuando, el dictador Augusto Pinochet fue detenido en el Reino Unido, a instancias de jueces españoles que lo reclamaban por delitos internacionales cometidos durante su gestión como Presidente de Chile.

Este suceso, que conmovió al mundo, era la mejor demostración que los tiempos habían cambiado y dejaba en evidencia, que el concepto de soberanía, pieza maestra del concepto de soberanía que la Paz de Westfalia había consolidado, cedía espacio jurídico frente al de comunidad internacional, legitimará del interés general. Para entonces, estaban en plena vigencia, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, los Convenios de Ginebra de 1949 sobre Derecho Internacional Humanitario, con sus respectivos protocolos de 1977, entre otros instrumentos internacionales sobre la materia, pero sobre todo, ya los derechos humanos se habían convertido en el núcleo esencial del derecho abriendo el espacio a la Corte Penal Internacional (CPI), que entraría posteriormente en vigor. En pocas palabras, y a jurisdicción universal se erigía como un nuevo principio, cuyo objeto era castigar sin tener en cuenta fronteras ni sistemas de derecho interno a los responsables de crímenes internacionales (genocidio, lesa humanidad y crímenes de guerra).

En consecuencia, están claras las tensiones existentes contra el principio de inmunidad de los Jefes de Estado y el de jurisdicción universal, que a no dudarlo actuarán en los próximos años a favor de este último, dada la importancia que hoy se conceden a los derechos humanos. Esto ha hecho posible la atribución de responsabilidad penal internacional a los individuos, permeando con ello en general, a todo el derecho.

Por esa razón, las acusaciones contra el Presidente Juan Manuel Santos, no pueden tomarse a la ligera, descalificando jurisdicciones extranjeras, amparados por el derecho internacional, tal como lo han hecho algunos sectores del gobierno saliente. En ese caso, tal como ocurrió con el Papa Benedicto XVI, al que por cierto no se acusaba de ningún crimen internacional sino de uno menor, valga la expresión, es mejor prevenir que lamentar y para ello, son expeditos los cruces de la diplomacia internacional.

martes, 20 de octubre de 2009

¿HACIA UN NUEVO MULTILATERALISMO?

JORGE PALLARES BOSSA

La designación del Presidente estadounidense Barack Obama para el Premio Nóbel de la Paz, del presente año, ha provocado toda una avalancha de críticas, dada la circunstancia de que este lleva apenas nueve meses en el poder, por lo cual ninguna de sus promesas ha podido hasta la fecha materializarse.

Sin embargo, hay aspectos de la política exterior del Presidente Obama, que vale la pena analizar y que posiblemente llevaron al comité noruego a concederle tan importante distinción, como es, por ejemplo, el tema del multilateralismo. En efecto, no es poca cosa, que por primera vez el Presidente del país más poderoso de la tierra haya dicho que los Estados Unidos están dispuestos a sentarse en la mesa de negociaciones con quien fuere necesario para conseguir la paz. Los gobiernos estadounidenses se han caracterizado siempre por la hegemonía de sus políticas y así lo han practicado.

Y no solo eso, sino que además de desplazar por distintos ámbitos del planeta a su Secretaria de Estado, Hillary Clinton, haya ejecutado acciones que lo llevaron a reunirse en la Casa Blanca con representantes de los bandos enfrentados de Israel y Palestina y de países tan importantes como China y el Japón, a fin de afrontar de una vez por todas, la solución de temas tan espinosos como los de Medio Oriente, Irán, Corea del Norte o Afganistán. Esta postura, significa, sin duda, un cambio drástico que tiene que haber pesado en la conciencia del Comité del Nóbel para su concesión definitiva.

Todo esto supone, la apelación un nuevo multilateralismo, en el que los Estados Unidos no solo podrán contar con el concurso de Europa sino de un amplio espectro de naciones que incluyen a países como el nuestro. No se puede olvidar, que el unilateralismo que caracterizó la era Bush, fue el desarrollo de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2002, pero que este ya venía aclimatándose en la política norteamericana desde Reagan y Bush padre, por lo que la administración de Bill Clinton, no hizo cosa distinta a morigerar sus efectos y contraer con el multilateralismo un compromiso ambivalente, como se puso de presente, en la morosidad estadounidense con la propia ONU, que se proponía presionar sus decisiones. Sin embargo, la opinión del mundo académico, y en particular, el Center Of Internacional Cooperation de la Universidad de Nueva York, a la que por lo general, son más sensibles los demócratas, ha insistido en que el multilateralismo es más valioso para los Estados Unidos, no solo para alcanzar sus objetivos de interés nacional, sino para mantener su liderazgo mundial. Si a todo eso, se suma la crisis que golpea con rudeza la economía norteamericana se entiende el cambio de actitud que el carisma de Obama ha contribuido a fortalecer.

Todos estos factores, contribuyeron seguramente a la obtención del premio, no tanto por lo que el presidente norteamericano pudiera haber realizado, sino por lo que el cambio de postura representa para el planeta, al que no le queda otro camino que la acción conjunta en breve término, alrededor de problemas tan urgentes como la consecución de la paz, cambio climático o la reducción de las armas nucleares.

viernes, 18 de septiembre de 2009

EL NUEVO CONCEPTO DE SEGURIDAD INTERNACIONAL (y II)

JORGE PALLARES BOSSA

Concluíamos el artículo anterior, diciendo que en lo que se refiere al acuerdo militar colombo-estadounidense nada podría despejarse si los Estados Unidos no procedían a hacerlo, porque en este caso es a ellos, como única superpotencia militar del planeta, a quien le corresponde. De alguna manera, las explicaciones superficiales del Departamento de Estado, no han ido más allá de lo obvio en el sentido de que el uso de las bases militares no tiene propósito distinto que ejercer control sobre la delincuencia organizada, aunque se perciba que dicha decisión hace parte de una estrategia global que no se ha aclarado suficientemente a países, que en su mayoría, se identifican como amigos.

No se puede olvidar, que si ciertamente los Estados Unidos tienen ya competidores tecnológicos fuertes en muchos renglones, especialmente en Europa y el Extremo Oriente, en materia militar gozan de una hegemonía indiscutible que se prolongará por varias décadas, que por esto, tiene que generar preocupaciones sobre todo entre quienes ideológicamente se sienten más distantes de ese país. Sin embargo, el Real Instituto Elcano de España, ha efectuado un análisis del documento: “Capstone Concept for Joint Operations”, de 15 de Enero del presente año, que si bien tiene como horizonte estratégico el periodo comprendido entre los años 2016 a 2028, sienta unas bases que deberán aplicarse inmediatamente y que reflejan la postura del actual gobierno norteamericano. En ese sentido, el documento revela que algo va del liderazgo duro de Bush, que no dudó en aplicar la teoría de la “guerra preventiva”, cuando ocurrió el ataque de las torres gemelas de Al-qaeda, al liderazgo suave y conciliador de Barack Obama.

El documento reconoce que el escenario estratégico futuro es de una enorme incertidumbre, complejidad y cambio, en el que habrá que actuar proactivamente para tener mayores posibilidades de éxito, con el objeto de sortear las crisis y peligros que supone el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. El documento reitera lo que fue la doctrina Clinton en esta materia, sobre la base de que la actividad militar tiene que ser el resultado de una acción conjunta ejecutada con países amigos, que debe combinarse con operaciones ínter agencias que este no especifica, porque pertenecen a su fuero interno y que como es natural, suscitan preocupaciones.

Entre las novedades que tiene el: “Capstone Concept for Joint Operations”, está, en consecuencia, la referencia explicita de actuar a través de terceros países y que no incluyen la conducción de operaciones encubiertas e intenta reforzar la seguridad cooperativa, lo cual da fe de la influencia de Obama en su redacción, ya que abandona la teoría de la “pax americana” e impulsa, en su defecto, el multilaterismo. Pero, al mismo tiempo, no queda claro, al menos por ahora, la manera como se explicitará la coherencia del documento de seguridad norteamericano con el nuevo concepto de seguridad internacional que articula otras dimensiones distintas de la puramente militar, que aquel no menciona.

viernes, 11 de septiembre de 2009

EL NUEVO CONCEPTO DE SEGURIDAD INTERNACIONAL (I)

JORGE PALLARES BOSSA

La asamblea extraordinaria de Jefes de Estado de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), reunida en Bariloche, a la que hicimos referencia en el artículo anterior, tuvo como tema de fondo: el acuerdo sobre las bases militares colombianas operadas por norteamericanos. En otras palabras, se trataba en la mediática como improductiva reunión de analizar el problema de la seguridad hemisférica y estando en el centro del debate, los Estados Unidos, de lejos la mayor potencia militar del planeta, también de cierta forma de la seguridad orbital.

Por cierto, que el tema de la seguridad internacional vive actualmente una etapa de transición conceptual del paradigma de la confrontación, que se impuso a lo largo del periodo de la “guerra fría” hacia otro más asociativo que las tendencias filosóficas liberales occidentales vienen promoviendo desde hace algún tiempo. Y es que el concepto de seguridad internacional que en 1945 se convirtiera junto a la paz en la gran preocupación de la Organización de Naciones Unidas (ONU), ha tenido a diferencia de esta última, escasos desarrollos que la tornaban en algo ambiguo e impreciso que era imperativo determinar, como ha sucedido últimamente.

Ello ha ocurrido de esa manera, porque los Estados dejaron de ser el actor único en el desenvolvimiento de las relaciones internacionales en beneficio de nuevos sujetos de derecho, cuyo papel se relieva cotidianamente. En ese sentido, todo lo que lleve la impronta estatal, por ejemplo, sus representantes, suscita los naturales recelos con la consiguiente perdida de peso especifico en el escenario internacional, emergiendo así un nuevo modelo de diplomacia que la propia ONU, promueve y acoge y a cuyos actores reconoce una interlocución legítima, verbigracia las organizaciones no-gubernamentales de la sociedad civil. Por eso, se enfatiza ahora en nuevos contenidos que trascienden lo puramente estatal por insuficiente y que, sobre la base de aspectos que como los derechos humanos o el medio-ambiente, impone límites a cualquier institución que en defensa de la seguridad tradicional pretenda transgredir dichos principios.

La seguridad ha dejado de ser una preocupación de los ejércitos y la policía para convertirse en patrimonio colectivo porque ha incorporado nuevas dimensiones focalizadas en la noción de la seguridad humana que los más recientes documentos de la ONU, a partir de la “obligación de proteger” explicitan. Ese carácter de multidimensional debe abordarse desde una perspectiva amplia y compleja lo que entraña la incorporación no solo de nuevas variables sino de acciones compartidas aplicables a dicho fenómeno.

En ese sentido, deben entenderse las preocupaciones que Suramérica tiene en relación con el acuerdo militar colombo-estadounidense y no en la identificación de coincidencias ideológicas, que por lo demás, como se vio, no son en ningún caso uniformes. Si a eso, se agrega el nuevo enfoque que los Estados Unidos tienen acerca de las operaciones militares conjuntas contenidas en el documento denominado: “Capstone concept for joint operations”, al que nos referiremos en un próximo articulo, la actitud de Unasur es apenas explicable y por eso, lo más conveniente es que los propios estadounidenses pudieran aclararlo mejor.

viernes, 4 de septiembre de 2009

BARILOCHE Y LA VALIDEZ DE LOS INTRUMENTOS INTERNACIONALES

JORGE PALLARES BOSSA

Muchas eran las expectativas que a fines de la semana anterior tenía la opinión pública del país, acerca de los resultados de la reunión extraordinaria, que convocaba en Bariloche (Argentina), a los Jefes de Estado de los países miembros de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur). De un lado, los más optimistas esperaban que el Presidente Álvaro Uribe, convencería a sus colegas surhemisféricos de que las bases militares operadas por los norteamericanos en el territorio nacional, no entrañaban peligro alguno para la seguridad de país alguno, incluidos los vecinos, y que estas solo servirían para el control de la delincuencia organizada. Del otro, los pesimistas avizoraban un peligroso enfrentamiento entre Uribe y los más radicales, dada la influencia que el presidente venezolano Hugo Chávez, ejerce sobre casi todos y que como resultado la posición colombiana sería condenada enérgicamente.

Sin embargo, para quienes como el que escribe, por experiencia académica manejamos la temática internacional, el resultado no podía ser nada distinto al que fue, con sus variables. Y ello, porque en este tipo de reuniones y con mayor razón, menos en las que tienen carácter de urgencia, los Jefes de Estado rara vez se comprometen jurídicamente y por eso, los acuerdos a que llegan no trascienden lo meramente político. Pero, en este caso se percibía que esa actitud iba a ser más acusada, como lo advirtió el propio Lula, dada la circunstancia de que frente a la presencia mediática de la televisión en directo, cada uno de ellos debía reiterar ante las cámaras, su ya conocida postura frente al tema, que la “gira muda”, del mandatario colombiano había desvelado días atrás.

En efecto, las Declaraciones, como las que la cumbre presidencial aprobó desordenada y apresuradamente, no tienen, salvo en el caso de las que se ocupan de derechos humanos, fuerza vinculante y junto a los llamados “pactos de caballeros” (gentlemans agreements) forman parte de los instrumentos internacionales políticos en los que abunda la retórica. Pero, hay otros, los jurídicos, en cuyo nivel superior sobresalen los tratados que obligan a los gobiernos que los suscriben y ratifican, y las resoluciones de la ONU y de otros organismos competentes, que en materia tan especial como los derechos humanos se imponen en el orden interno sin que se requiera ley aprobatoria alguna porque se les categoriza como normas nacionales de origen internacional.

De tal manera, que lo ocurrido en Bariloche tiene más de luminosos fuegos artificiales que cualquier otro matiz y los acuerdos allí conseguidos se agotaron en buena parte cuando concluyó la reunión con la foto de familia de rigor. La mejor prueba de ello, es que no habían transcurrido cuarenta y ocho horas cuando de nuevo se escucharon, por supuesto por la televisión, las acostumbradas recriminaciones de cada uno de los Jefes de Estado respectivos.

lunes, 10 de agosto de 2009

LAS RELACIONES INTERNACIONALES ACTUALES

JORGE PALLARES BOSSA

Las Relaciones Internacionales nacieron espontáneamente, como fruto de la necesidad que en la Antigüedad tenían grupos sociales enfrentados que se reconocían como diferentes, de suspender definitiva o temporalmente las hostilidades guerreras, para iniciar en desarrollo de una tregua, conversaciones a fin de negociar acuerdos y compartir con el contrario, aquello por lo que luchaban: la supervivencia.


Cuando la Paz de Westfalia de 1648, termina la cruel Guerra de Treinta Años e institucionaliza el Estado soberano, se retoma la institución denominada diplomacia, que griegos y romanos atribuían a “presbeis” y “missi legati” y que empleaban ocasionalmente para entrar en contacto con sus antagonistas, cuando las circunstancias lo imponían. Es a partir de Westfalia, cuando el Estado asume la dirección de sus relaciones internacionales, en cabeza de sus máximos representantes, el Jefe del Estado y el Ministro de Relaciones Exteriores, y procede a instalar en algunos países misiones diplomáticas, casi siempre orientadas por un Embajador o Ministro Plenipotenciario.

La Iglesia, que para entonces disfrutaba no solo del poder espiritual, sino del temporal, tomando en consideración los vastos territorios, denominados Estados Pontificios, que gobernaba en el centro y parte del norte de la península itálica, fue pionera en esa materia, exitosa por cierto, y por eso, no dudó en transmitir la experiencia primero a las pequeñas repúblicas de Génova, Florencia y Venecia y posteriormente a los Estados Europeos de mayor extensión. En, desarrollo de ese ejercicio, se destacaron figuras de la talla del francés Talleyrand, el alemán Metternich o el ingles Lord Canning, que por sus habilidades recibieron el reconocimiento general, a las que se debió en gran parte la superación de muchos conflictos.

Pero, en el mundo globalizado actual, sí bien el Jefe del Estado, sigue siendo la cabeza de las relaciones internacionales y por eso, para efectos de la política exterior se le tiene como el único interlocutor, especialmente en el sensible tema de la protección integral de los derechos humanos, ya no monopoliza esa condición. Tal afirmación es válida no solo en el nivel público en el que comparte responsabilidades con otras dependencias gubernamentales, jurisdiccionales y legislativas, sino en el ámbito privado que interactúa cotidianamente con sus pares de otros lugares del planeta.

Y ello, resulta apenas lógico, si se acepta con Merle, que las relaciones internacionales son el conjunto de manifestaciones de distinto origen y naturaleza que se desenvuelven entre las fronteras de los Estados. Son, en consecuencia, de la más diversa clase (política, económica, jurídica, social, cultural, etc.) y además pueden provenir, como ya se vio, tanto del Estado como del sector privado lo cual resulta particularmente complejo en tiempos de globalización en la que los límites entre los distintos conceptos son casi siempre difusos e imprecisos. En las relaciones internacionales actuales, participamos todos por los más diversos motivos sin que para ello ser imprescindible abandonar la propia casa u oficina. Así las cosas, no dicen la verdad quienes afirman que las relaciones internacionales son de competencia exclusiva de Presidente de la Republica.